¿Por qué el bajo?
Por descarte y no por voluntad propia me tocó a mí el Bajo cuando al repartir los instrumentos entre unos amigos del instituto que pretendíamos hacer un grupo de rock, el que llevaba la voz cantante (que no era el cantante) se adjudicó la batería, el instrumento que siempre me había gustado... Así que dejé de frotarme las manos y se le ocurrió que yo “podría tocar ejemm, a veeer... El bajo!! Eso es, Miguel, el bajo! Ooh sí, chamo, ojalá yo pudiera tocar el bajo, que es buenísimo!”.
Resignado y con mi cara de poema me dejé convencer y otro amigo me puso en contacto con el mundo de los bajistas. Ahí me quedé y ya no lo cambio por nada!
Más tarde, la situación del país y la experiencia de mis padres -cubanos- nos sacaron de Venezuela, llevándoles a ellos a USA y a mí de regreso a España, donde a modo de peaje presté el servicio militar justo antes de que dejase de ser obligatorio... Vaya puntería!
Ya en Madrid, donde actualmente vivo, y en disponibilidad de buscar mi sitio he ido conociendo a gente que de una u otra forma me ha ayudado, sabiéndolo o no, a hacer mi vida y dedicarle gran parte de ella a la música.
Hasta el día de hoy he tocado tanto con grupos propios como contratado por artistas a un lado y otro del Atlántico, desde Caracas, NYC, Puerto Rico y República Dominicana hasta Madrid, Barcelona... España entera, tocando muy diversos estilos. Recientemente he descubierto un nuevo amor: el contrabajo!